[vc_row][vc_column width="1/1"][vc_column_text]Ya seas tú, una militante de IU, un simpatizante de Podemos, un miembro de la izquierda socialista, o una activista de las izquierdas federalistas y nacionalistas, apelo a vosotros/as para que digamos todos/as, y a todos/as nuestras cúpulas, ABRID EL DEBATE; SED FRATERNOS; SED AMABLES; FINALMENTE, DEJADNOS INTERVENIR Y DECIDIR; porque todos somos izquierda y todos tenemos el compromiso, y el deber, de ganar España desde un Frente Amplio de Progreso, ofreciendo una alternativa política clara, también en un ejercicio del poder diferente, con la que la sociedad salga ganando. 
[vc_row][vc_column width="1/1"][vc_column_text]Cuando un Gobierno, como el español, reprime, recorta derechos básicos, permite tasas de pobreza y exclusión social del 29,2%, indica que le preocupa poco el bienestar de sus administrados o los desprecia. Parapetarse en una torre de marfil, construida con soberbia y desconfianza contra supuestos enemigos porque discrepan, es asumir que los ciudadanos representan un peligro y hay que combatirlos mediante la estrategia del miedo para mantenerlos sometidos.
[vc_row][vc_column width="1/1"][vc_column_text]“Confluencia” ha sido una de las palabras más utilizadas en los cenáculos políticos de estos últimos tiempos. Utilizada y prostituida. Se hablaba de hacer una confluencia como quien se cita para hacer unas birras. A pesar de tanta insistencia, agravios históricos más o menos ciertos pero siempre hinchados y famosillos nombres propios y ajenos, han campado a sus anchas para impedir una verdadera acción conjunta que empiece a limpiar el país de tanto desmán: la divergencia de las confluencias. Cada grupo, cada partido, ha creado su propia confluencia, enfrontada a las confluencias ajenas.
[vc_row][vc_column width="1/1"][vc_column_text]CIUTADA2No es la corte, no es el palacio, no es el palco, no es el teatro de la avaricia, ni es el despacho de la ambición en el que se tejen los grandes negocios oscuros o los acuerdos entre la política sometida y la banca sin ética. No. Es verdad que hay un Madrid cortesano y que ese Madrid ha ocupado durante años las instituciones. Es verdad que extrañas maniobras, una compra y venta de diputados, abrieron las puertas a las tramas de corrupción urbanística más descarnadas. Pero es injusto, reduccionista y falsificador identificar con esa imagen triste la realidad abierta de Madrid. Si hablamos de Madrid, hay también que mirar hacia una energía cívica muy viva, una de las más vivas de España, que llena las calles cada vez que resulta necesario defender el bien común y dar muestra de solidaridad. Las calles y las plazas de Madrid conocen la protesta, el grito, la disidencia, la movilización.