CON LA DEMOCRACIA NO BASTA

La democracia que tenemos ahora como base de convivencia y gestión de lo púbico es imprescindible, pero no suficiente. No podemos decir que no la tengamos: hay elecciones, los representantes se reúnen, deciden leyes que nos afectan, se articulan mayorías, minorías mayoritarias y mayorías minoritarias… Bueno, sí, hay alguna excepción, como la elección del Jefe del Estado, pero en rigor no podemos decir que en nuestro país no haya democracia, al menos de nombre. Un buen comienzo, como pensaron ya hace cuarenta años algunos próceres.

indignarse¿Suficiente? En absoluto. La democracia surgida de una transición condicionada, adolece de dos achaques: los propios de la edad, en la que la sociedad ha evolucionado por derroteros en los que ella no está preparada para transitar (o sea, alejándose una de otra), y también las excrecencias que surgen de su interior, no previstas (¿o sí?), en su bautismo.

No es ya su aspecto exterior, que a menudo genera vergüenza ajena y propia, cuando nuestros representantes se codean con otros en los foros internacionales. No es sólo eso. También en su interior, los virus no curados se han ido propagando; el nódulo, que se pensaba se enquistaría con el tiempo hasta desaparecer, ha hecho metástasis.

Fuerzas retrógradas, que se retroalimentan unas a otras, han ido extendiéndose y trenzando complicidades entre el mundo de los negocios y el político, y a partir de ahí, ya la infección se ha ido extendiendo  a los tres poderes, contagiándose entre sí: el ejecutivo (el gobierno para todos), el legislativo (normas justas y equitativas para el bien de todos) y el judicial (que se cumpla lo anterior con justicia igual para todos). La contaminación cruzada es más que evidente. Quedan los nombres, pero  retuercen los paréntesis; se ha substituido el “todos” por el “nosotros”. Fijémonos en un penoso hecho reciente: la amputación del fiscal Moix. ¿Se corta la cadena quitando un eslabón extremo? ¿Se cura el cáncer extirpando una verruga? El mundo del dinero, de los yates, los áticos, los viajes y los lingotes, ha tentado a un montón de políticos. Hasta aquí, es humano. Que la mayoría sean del partido de derechas en el poder, hasta cierto punto, lógico, dada la similitud ideológica existente entre ambos mundos, mamada ya desde la cuna o en las escuelas de élite. Bueno, la consecuencia es también lógica: hasta donde pueden (e incluso hasta donde no), estos miembros del ejecutivo retuercen lo emanado del legislativo a favor suyo. Beneficio no sólo personal, sino del partido, con lo cual también retuercen el pescuezo de la democracia. Habiendo ido demasiado lejos, empujados por su soberbia y arrogancia, se ven forzados a seguir con la jugada, extendiéndola al poder judicial.

Ante esta hidra de tantas cabezas, no es suficiente, aunque sí imprescindible, cortarle las más gangrenadas. La solución pasará por encerrarla en el olvido. Los monstruos, cuando no infunden pavor, se difuminan. Pero ¿es ello posible? Aunque no soy de la misma comunidad que nuestro presidente, respondo con otra pregunta: ¿Tendría un partido impregnado de corrupción hasta las cejas los mismos porcentajes de votos si se presentara en Alemania, en Francia o en cualquier otro país considerado demócrata avanzado? ¿Por qué sí en España? ¿Por qué allí dimiten por temas menos importantes que los de aquí, mientras que en nuestro ámbito no dimite nadie, y si alguno lo hace aún es ensalzado por sus compañeros de chanchullo? Por la formación de los dirigentes, por descontado; pero también, y en gran manera, porqué las poblaciones de sus respectivos países  no lo admitirían. No les votarían, Sus culturas políticas no lo harían posible. Aquí se presentan una y otra vez los mismos protagonistas, o sus secuaces, seguros con su económicamente dopada candidatura.

Hasta ahora (¡gracias, InfoLibre!), se palpa una labor sacrificada, dura y acendrada de algunos medios de comunicación, también de algunos políticos y de asociaciones progresistas en el ámbito jurídico. Mucho menos en el ámbito empresarial, por ejemplo. Y tampoco en la más alta Jefatura del Estado: sobre corrupción no ha dicho esta boca es mía quién sí proclama que esta corona es mía por ser hijo de quién soy.

Pero el verdadero protagonista, el factor decisivo para mantener el ojo avizor y la mano presta al cachete, es el pueblo, la ciudadanía. Para ello hace falta una cultura política digna de tal nombre. No  se ha desarrollado (y en ello también se han esmerado el poder político y los poderes fácticos) un concepto de democracia y de justicia acorde con nuestro tiempo. No hay un avance en la tensión fiscalizadora, en la conciencia del “todos” y de su poder, que evolucione en paralelo a la progresión de la desfachatez y la sofisticación del fraude, en la promulgación de leyes antidemocráticas y su consolidación mediante elementos y prácticas represivas. Para decirlo en plata, pongo un ejemplo: Se da mucha más maña el PP en arrasar nuestra educación pública (para construir, en su solar, entidades privadas que les aseguren la formación de futuros votantes), que la ciudadanía en crear cortafuegos a dicha acción. Es muy meritoria la labor de las mareas, de los colectivos sociales de todo tipo y tamaño, pero son pocos, sí, pocos, siempre pocos (a menudo, además, mal avenidos). Y abundando en el tema: ¿Dónde está, en la izquierda, en la ciudadanía consciente, el equivalente a la labor “formativa” para asegurarse futuras generaciones favorables al estatus quo, como es la de la Iglesia?, ¿cómo puede el pueblo contrarrestar la labor de las catequesis, colonias de verano, Cáritas, sermones, radios y televisiones, escuelas de jesuitas, escolapios, salesianos, sagrados corazones,  y tantos otros, sin olvidarnos los excelsos centros del Opus o de los legionarios (o como se llamen ahora)? Existe, meritoria, la labor de la escuela pública, pero no es comparable a la estructura, la amplitud y la “eficacia” de la fuerza dogmática de los primeros, origen de grandes réditos electorales. ¿Dónde está el equivalente, en la izquierda, a la labor de la Faes?  ¿Dónde a la labor subliminal de TVE o TV3, o la más zafia de 13TV? No hay que copiarles, ¡faltaría más! pero sí conseguir resultados similares que contrarresten los suyos con eficacia, no sólo buena voluntad, que no basta. Al dogmatismo y el servilismo, oponer con la misma fuerza la libertad de expresión, la duda creativa y, en especial, el sentimiento de solidaridad colectiva. ¿Conectan las élites de la izquierda, con una juventud anti élite? Lo critiqué en otro artículo[1]. Mientras la derecha tiene un hilo conductor consolidado desde la cuna a la fortuna, asegurando la doctrina (y el voto), la izquierda no tiene medios (ni vocación) para formar nuevas generaciones, de la maternidad a la solidaridad y cuando lo hace, ya es tarde, habiendo sido secuestradas por el consumismo.

En muchos ámbitos, en especial el municipal, se está haciendo un esfuerzo muy relevante para implantar una nueva cultura política, una nueva forma de relación ciudadano-Administración. Hablo de Barcelona, que es lo que más conozco, donde, en franca minoría, con el añadido del maniqueísmo soberanista tiñendo cualquier discusión, se están creando estructuras en el sentido apuntado, con los titubeos y flaquezas inherentes a cualquier pionero. ¡Perfecto! ¿Pero cuántos ciudadanos de Barcelona son conscientes del Plan de Barrios, del Buzón Ético, incluso del proyecto La Filadora[2] (la hilandera), en el que, después de recortarse el sueldo los ediles de Barcelona en Comú (siguiendo su Reglamento de Ética Política, y a lo que los demás se negaron), se ha convocado este concurso público de proyectos sociales donde aplicar dichos fondos (216.000 € en este caso)? Sí, se está haciendo una nueva política; pero de poco servirá si no se traduce también en una nueva y asequible cultura política, por la que la ciudadanía, toda, transite convencida. Y esto requiere tiempo, y también dedicación específica para crear el nexo, el puente, entre los activistas que están construyendo esta nueva cultura y la gente que la recibe y debe interiorizar. Decía George Orwell en 1984: “Si hay alguna esperanza, ésta reside en la gente corriente”. Añadiría: siempre que dichas personas quieran incorporarse a este nuevo mundo que la esperanza otea. Y no lo harán si no se les invita y se les allana el camino.

Lo he dicho en otras ocasiones: se ha olvidado el “apostolado” (¡mira que tener que usar esta palabra para azuzar a la izquierda!), la generación de un estado de opinión lo suficientemente fuerte y extenso como para popularizar una actitud transversal de repulsa, imprescindible para una regeneración democrática, ofreciendo a la vez una alternativa ética, digna y también eficaz; el boca a oreja, la casa del pueblo, la fiesta popular… con niños… generando una nueva cultura, sólida y transversal. Sigo con el paralelo (nihil obstat): “la mies es mucha y los segadores pocos” (Mat. 9.37). No saldremos del atolladero hasta que algunos de estos esforzados luchadores (que lo son, pero a quienes la espiga no les deja ver el sembrado), regresen al pueblo y convenzan a los que sestean en la plaza de la necesidad y la belleza del oficio de segador: de sembrar, regar y agrupar las gavillas.

De este modo, al menos, tendremos pan.

Amén.

Antoni Cisteró
[1] https://www.reivindica.com/los-de-la-salita/

[2] http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/barcelona-comu-somete-votacion-destino-del-recorte-salario-6011319

 

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