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EL DESPILFARRO POLITICO

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Ahora, a toda prisa, nos damos cuenta de que hay que ahorrar. Incluso se hará una ley que lo regule. Posiblemente, es tarde, como siempre, al menos en los factores geoestratégicos que conllevan restricciones y aumentos de precios que, seguro, harán ricos a unos pocos y pobres a unos muchos.

Se habla, mucho, de la energía, y también del agua. Se pide cerrar grifos, cuando por la falta de mantenimiento se pierden millones de litros que no van a ninguna parte. Y ahí está el problema: no ir a ninguna parte, no sacar el máximo provecho de la escasa riqueza que se tiene. ¿Podríamos aplicarlo a los políticos que tienen la responsabilidad de gestionar las escaseces y también las abundancias?

Volvemos a la energía como base de la reflexión. En efecto, si tenemos un kilovatio, podemos emplearlo en manejar la lavadora, o la televisión o la guitarra eléctrica. Decimos “o”, no “y”. La riqueza es limitada, aunque para algunos obscenamente no lo sea. ¿De acuerdo? Pues apliquémoslo a la política.

Cada uno individualmente, y la sociedad como colectivo, dispone de una serie de recursos. Podemos considerar como tales el tiempo, el dinero, los conocimientos adquiridos o la energía vital (entusiasmo, empatía con los demás), así como factores sociales, como la red de amistades y conocidos. Todo esto conforma la riqueza de cada uno. El problema es saber gestionarla y, en el caso de los políticos, hacerlo para el bien común, de todos, todos los ciudadanos comprendidos en su ámbito de actuación. ¿Es así?

En mi opinión, el aprovechamiento de los recursos personales y sociales en el ámbito político es netamente mejorable, y en especial en Cataluña. Con el tiempo, y ya antes del 2017, se ha ido implantando la práctica del gesto, por encima del de la gestión. Mientras se está empleando tiempo y energía en el primero, se deja de realizar la segunda. Esto puede venir provocado por varias razones: la primera, la carencia de capacidad personal. Vistos los resultados, dudo mucho que si Torra, el infausto presidente de quién ya nadie habla, hubiera colgado menos pancartas y se hubiera dedicado a gobernar, hubiera obtenido gran cosa más, así que se dedicó a crear su figura de agitador de feria, que bien pagada estuvo y lo estará en el futuro. Los frutos dados hacen pensar que la inhabilitación no fue un castigo, sino una confirmación.

Pero también existen grandes pérdidas de energía en el ámbito de la política entendida como trabajo colectivo. El ejemplo más sangriento es la situación actual del Gobierno[i], donde dos fuerzas declaradamente antagónicas, se espían, se zancadillean y se afanan por desacreditarse, mientras van quedando las cosas por hacer. ¡Cuánto tiempo, cuánta energía, cuánta fuerza empleada en fuegos artificiales! Ya no se trata de un posicionamiento más o menos a izquierda o derecha, se trata de que mientras el barco afronta una tormenta que solo acaba de empezar, en el timón hay dos grupos de tripulantes que, sin mirar la ola que se acerca, se van dando empujones peleándose por la gorra de mando. Incluso algunos pasajeros aplauden la pelea, el puñetazo mediático. Pero los más, cada vez más mareados, piensan en las palabras de Capri: “¡O lo dice usted esto de sálvese quién pueda, o me da la gorra y lo diré yo!” Postureo en la lucha por retener la capacidad de otorgar cargos (y mantener los propios), de favorecer un segmento de la población en detrimento de otro. Continuidad del clientelismo al más puro estilo de Pujol, sin aportar nada al conjunto de la sociedad..

Existe un tercer segmento. He dicho que se pierde mucha agua por un deficiente mantenimiento. Sería el equivalente a los gestores que dedican los escasos fondos disponibles para cubrir las necesidades del pueblo a otros temas menos prioritarios o incluso suntuarios, nada nuevo bajo el sol. Pero también hay que tener en cuenta a quienes, intencionadamente, agujerean la tubería. Ya sea por coger agua, ya por una de las gamberradas al uso. Parece que en el mundo de la política este espécimen ha ido creciendo e incluso alcanzando sitios preponderantes. Ya no es el derroche de los activos de que se dispone mediante una mala gestión, indolente o prioritariamente centrada en el rival, es el estorbo por el estorbo. El estorbo como vocación, como plan de futuro. Otro día habrá que hablar de ello.

Artículo publicado en catalán en CLUB CORTUM/ÀTOMS

[i] El artículo se publicó cuando aún persistía la Generalitat compartida entre ERC y Junts.