Antoni Cisteró: «El hedonismo afecta a la continuidad en la participación» (Por Luis Benavides)

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Ingeniero químico, licenciado en Filosofía, diplomado en Sociología y autor de unos cuantos ensayos políticos. Todo eso es Antoni Cisteró, un lector muy activo de EL PERIÓDICO que ha estudiado a fondo qué lleva a las personas a arrimar el hombro y actuar colectivamente. Durante el confinamiento obligado por la pandemia aprovechó para rematar su último libro, ‘Participar hoy. Notas para una participación eficaz’ (Ed. Luz Azul, 2021), un trabajo reflexivo con una clara voluntad práctica.

Antoni Cisteró (Zowy Voeten)

Si en el anterior libro, «Confluyendo» reflexionaba sobre la necesidad de organizarse colectivamente para contrarrestar lo que usted llamaba ‘tsunami neoliberal’, su último ensayo versa sobre el acto de la participación en sí… 

Para mí es evidente que a los tsunamis se les para con grandes barreras, compuestas de infinidad de pequeños puntos. De ahí la necesidad de la participación de todos los que quieran contrarrestar la tendencia actual. 

Su perspectiva de izquierdas, entendida como la que no quiere que nadie se quede atrás, está presente en ambos títulos.

Es una idea de izquierda muy amplia, que siguiendo a Galeano, diría que es aquella tendencia para quién los “nadies” son “alguien”. Decía Malraux que “lo contrario de la explotación es la fraternidad”, un ámbito que propicia la participación.

¿Y el contexto actual? Desafección política, desinformación por saturación y un individualismo hedonista potenciado por las redes sociales. ¿Cómo afecta todo esto a la participación?

Son áreas distintas. En el proceso individual que lleva (o no) a decidirse a participar, juega un papel muy importante la información, mientras que una vez conseguida la motivación hacia un objetivo determinado, la desconfianza por la supuesta manipulación política de los grupos, puede ser un elemento disuasorio. El efecto hedónico, “el placer primero” tan en boga, afecta a la continuidad en la participación. Es fácil conseguir que alguien vaya un rato a una manifestación, pero más difícil que se comprometa desinteresadamente a formar parte regularmente de un grupo que defienda los mismos ideales.

¿Cuál es el objetivo del libro? 

El objetivo del libro es propiciar la reflexión sobre el por qué se participa(o no) en algún proyecto, y también cómo sacar el mejor rendimiento de ello. Diría que el principal objetivo que me he marcado es ser útil.

¿Quién cree que debería leer este ensayo? ¿A quién va dirigido?

Va dirigido a los componentes de todo tipo de entidades, que a menudo están tan encerradas en su mundo, en sus innumerables retos de supervivencia, que no consiguen hacer una pausa y ver si funciona el necesario equilibrio entre participantes, estructura y objetivos. Precisamente, uno de los puntos que creo más novedosos en mi libro es el planteamiento del ‘balance’ de los colectivos. Todos ellos, sean del tipo y tamaño que sean, reciben unos activos -desde cuotas a tiempo, pasando por relaciones y conocimientos de sus miembros- que deben ir gastando en favor del propio mantenimiento del grupo, y también para alcanzar los objetivos que este se haya marcado. Sin un equilibrio entre los tres planos, el futuro es problemático. ¿Cuántos grupos se limitan solo a sobrevivir, sin acercarse un ápice a su objetivo? ¿Cuántos se fijan objetivos inalcanzables, desajustados a sus posibilidades, en los que dilapidan todo su capital humano, con el consiguiente desánimo y abandono? 

«(Las administraciones) montan meritorias estructuras de participación, sin el eco que merecen y con una ausencia de resultados patente».

¿Y a las administraciones?

Por descontado, también va dirigido a todas las personas que en algún momento se han planteado apuntarse a un colectivo y quizá puedan encontrar ayuda en sus reflexiones que les ayuden a decidir, y a las administraciones, que montan meritorias estructuras de participación, sin el eco que merecen y con una ausencia de resultados patente.

La pandemia le ha permitido encontrar el tiempo necesario para escribir un libro que viene rumiando desde hace tiempo.

Sí, claro, la vida monacal del confinamiento ha ayudado, pero ya lo había iniciado antes. Previamente, me monto una base de datos con citas de los libros a los que tengo acceso, luego me hago un esquema y finalmente voy redactando. Las fuentes son muy diversas, desde libros sobre el tema hasta encuestas, de las que puedo destacar la del CIS de noviembre de 2017, especialmente dedicada a la participación, con datos preocupantes. Además, pensemos que incluso entre los que responden afirmativamente, en una gran mayoría significa que se han apuntado, pero no que sean activos en el interior del colectivo con vistas al objetivo común. 

Explica que el proceso participativo empieza por la ‘toma de conciencia’ y que esta proviene de fuentes externas, de la información que se recibe. ¿Qué papel deben jugar medios de comunicación tradicionales como la prensa escrita?

A mi entender, hay dos vertientes complementarias: la información en sí que debe incluir datos verídicos y sin sesgos ideológicos -a los discursos los mata el adjetivo-, y por otra parte la opinión, en la que se va formando un criterio sobre el tema. Poco a poco, se establecen campos de opinión que pueden llevar a decidirse a poner el hombro.

«Creo que la coherencia de la línea editorial es muy importante y EL PERIÓDICO la cumple».

La participación es una de las patas del proyecto de EL PERIÓDICO. Usted ha escrito cartas e incluso le hemos entrevistado en alguna ocasión como lector. ¿Alguna recomendación específica para nuestra cabecera? 

Normalmente, el esfuerzo que hace una cabecera es para “fidelizar” a los ya lectores. Creo que la coherencia de la línea editorial es muy importante y EL PERIÓDICO la cumple. Sin embargo, si miramos las tres áreas de “público”, como digo en el libro, hay un enorme espacio desconectado, ausente, y luego una zona donde habitan los “mirones”, que a lo mejor un día conectan, pero sin ir más allá, creo que es aquí donde hay un gran yacimiento de posibles futuros seguidores: ¿Cómo ganarse a los agnósticos sin perder a los fieles? Es una tarea en la que las redes sociales pueden ayudar. Yo he colaborado desinteresadamente con algunos grupos, formando pequeños círculos de difusión de lo producido por ellos en ámbitos presumiblemente cercanos, dando a cambio una cierta formación básica en redes.

¿Un ejemplo?

Imagínese que usted tiene un gran artículo sobre ecología, los que son ya sus lectores lo leerán, o no, según su interés; pero si se difunde ampliamente en las redes a grupos de temática cercana (excursionismo, paisaje, cultura local, antropología…) posiblemente muchos otros (no lectores suyos) pensarán: “¡Caramba! El Periódico tiene una buena línea que conecta con mis intereses…”. Y quizá se suscriban, o al menos esperen recibir más artículos al respecto.

Si participar, como explica en el libro, es tomar parte en algo, escribir un libro sobre participación, también es participar. ¿Qué espera personalmente de este libro? En el libro explica que en la continuidad cuenta mucho el ‘balance dado-recibido’.

Puedo decir que lo he dado todo, aunque como dice Max Aub: “Digo mintiendo: hice lo que pude”. Y puestos a esperar, solo desearía que se leyera. No solo por lo que dice, y menos aún para que me den la razón, sino para que reflexionasen, individualmente sobre lo que significaría participar en las causas que uno cree importantes (las que sean), y en el ámbito colectivo, en si realmente hay algún factor en el interior del grupo que se puede mejorar, que seguro que son muchos.