LA YENKA – Antoni Cisteró (2.7.2015)

empujar 100x

 

 

Hace unas décadas, unas melodías ramplonas y simplistas nos instaban a desplazarnos “izquierda, izquierda; derecha, derecha; adelante y atrás…” Hoy en día, incluso en el discurso de grupos considerados alternativos, estos términos son denostados. “No se trata de izquierda o derecha, ya que nuestro movimiento es transversal”, dirán. Bueno, no seamos nostálgicos. Así que quedémonos con el “adelante y atrás”. Hay unas fuerzas que nos empujan hacia atrás, para retroceder en las libertades y bienes sociales conseguidos con esfuerzo, y otras que luchan por conservarlos (curioso, ¿éstos son los “conservadores”?), y, entre ellos, unos pocos que, oteando el horizonte, susurran: “adelante, un poco más allá”. Para terminar con la metáfora queda el último movimiento, en el que el cantante nos invitaba a saltar sobre el mismo punto: “Un, dos, tres…”. Posiblemente sea ésta la situación de tantos y tantos ciudadanos y ciudadanas perplejos ante el caos democrático, donde ya nada es lo que parece, y los que sí son lo que parecen (en especial los corruptos), campan a sus anchas. Es una labor de años, de penetración sutil (o zafia) en los medios de comunicación y también en los judiciales y la administración pública. Una vez conseguido, y empujada la masa “atrás, atrás”, sólo cabe tenerla entretenida, saltando de susto en susto, de placer inconcluso en placer inconcluso: “Un, dos, tres…”.
No pretendo emular a Bobbio ni las acertadas reflexiones de Ramoneda. Simplemente, hay una fuerza que empuja hacia atrás en beneficio de unos pocos (no tan distinta de lo otrora llamado derecha), y otra que intenta frenarlo, e incluso empujar un poco más allá de lo conseguido previamente (¡Ah, la esquiva izquierda!). Quizá sea pertinente analizar las características de los dos ámbitos para sospesar luego el equilibrio de fuerzas y, si es posible, cómo decantarlo hacia la izquierda-adelante. Lo que si queda claro es que, se llamen como se llamen, hay dos fuerzas empujando en sentido opuesto. ¿Cómo podríamos considerarlas?
Dice Donatella Della Porta(1): “Podemos identificar una dinámica de movimiento social cuando episodios individuales de acción colectiva se perciben como parte de una acción más duradera y no tanto como acontecimientos aislados, y cuando individuos implicados en ellos se sienten vinculados por lazos de solidaridad y se perciben como integrantes de una comunión ideal al lado de quienes protagonizan otras movilizaciones análogas”. Si eso es un “movimiento social” ¿hay la menor duda de que una amplia gama de acciones individual-colectivas duraderas y del más variado tipo empujan, o como mínimo dan soporte, al proceso de desmantelamiento del estado del bienestar, al recorte de libertades básicas existentes, al alejamiento de la ciudadanía de posiciones críticas? Y se podría añadir que en aras de un trasvase de riqueza desde lo público a unos pocos, pero ello sería excesivamente reduccionista. Va mucho más allá del puro factor económico, intentando penetrar en lo más íntimo (escuelas confesionales subvencionadas, ley mordaza, dominio de los medios de comunicación, etc.), aunque es evidente que uno de los motores más potentes es la codicia.
¿Y enfrente? Día 29 de junio del 2015. Barcelona: A las 18h, manifestación de rechazo al ataque a una flotilla pro-palestina; a las 19h, otra manifestación de apoyo a Grecia en otra ubicación; al día siguiente, manifestación a las 18h contra la ley mordaza. Bien, justo y necesario; y también disperso. Pero si no hay duda de que los empujones hacia atrás citados, por variopintos que parezcan, son fruto de una “confluencia” de intereses, ¿hasta qué punto los convocantes de las tres manifestaciones citadas (y tantas otras en días cercanos y a lo largo y ancho de toda la geografía), confluyen a su vez en una sintonía, en una comunión ideal, se sienten vinculados por lazos de solidaridad? Esta es una de las razones de la confluencia : Frente a un movimiento articulado y muy poderoso, sólo otro empuje del mismo calibre podrá hacerle frente. Sin líneas rojas, sin exclusiones, cada uno en su parcela pero con una sintonía global, para consolidar una acción duradera. ¿Lo conseguiremos?

(1) DELLA PORTA, Donatella, DIANI, Mario. Los movimientos sociales. Madrid. CIS-Editorial Complutense, 2011. p. 46

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