¿Te vienes, Fausto? O cómo ponemos el coco para que se lo coma el populismo

Chomsky lo ha clavado en sus 10 estrategias de manipulación, retratando el populismo y sus artimañas. Pero el tema viene de lejos. Por ejemplo, aparece en el mito de Fausto, tan bien tratado por Goethe. Algunas citas nos pueden servir para aproximarnos al tema de la comida de coco populista desde el punto de vista del dueño (es un decir) del mencionado fruto. Reviso una antiquísima edición de bibliófilo que puede ayudar a la reflexión. El bueno de Noam es preciso en el análisis de la estrategia populista, pero quizá sea conveniente tomar la perspectiva desde el receptor de tales argucias, como hace el no menos atractivo Johann Wolfgang.

Una de las premisas es el cortoplacismo. Fausto proclama: (GOETHE, 1921: 52) Líbreme yo de estas penas, y venga después lo que viniere. Hoy en día nada puede esperar, desconocemos el futuro, así que también nos es difícil predecir las consecuencias de nuestras decisiones de hoy. Esta inmediatez nos aleja de una reflexión serena sobre el origen de dichas “penas”. Uno se dice: “Bueno, están ahí, las estoy sufriendo, necesito librarme de ellas al precio que sea”. El populista se avanza a cualquier posible razonamiento y nos susurra: “no sufras, estoy aquí y sé lo que hay que hacer. Dame el poder y esto está hecho”. Pero ¿y si quien nos ofrece la vía de escape es el mismo que ha ocasionado arteramente el sufrimiento? ¿Alguien puede tragar las soluciones al escandaloso precio de la electricidad dadas por quienes, cuando mandaban, privatizaron la Operadora del mercado de Electricidad Español en julio de 1998 (Gobierno de Aznar)? ¿Qué se puede esperar de los seguidores de aquel presidente que firmó la Ley 54/1997, de 27 de noviembre, regulando el Sector Eléctrico, para posteriormente privatizar también la Red Eléctrica Española SA?. Por cierto, el mismo que en 2011 fichó como asesor externo de ENDESA (para no ser menos, Felipe González hizo lo propio con Gas Natural Fenosa). Sin embargo, el hombre es el único animal que tropieza tropecientas veces en la misma piedra. Veamos si no al partido que recortó, amputó y cercenó la sanidad pública catalana hace diez años (aún recuerdo a Artur Mas haciendo gala de su liderazgo recortador), galleando en el Gobierno que vuelve a gestionar la crisis causada por la pandemia y agravada por sus recortes. Frente a la premeditación de algunos políticos, que engañan cínicamente a sabiendas, cabe remarcar la honradez de Mefistófeles advirtiendo a Fausto: (GOETHE, 1921: 57) Desprecia bien la razón y la ciencia, suprema fuerza de la humanidad. Déjate desarmar por las ilusiones y serás completamente mío.

¡Ah, la manipulación de las emociones! Otro factor que agrava la facilidad con que el populismo penetra en la ciudadanía es el falso empoderamiento. Puede quedar reflejado en este diálogo, que ya aparece en el predecesor de Goethe (MARLOWE, 1983: 55), casi dos siglos antes:

MEFISTÓFELES: ¿Qué quieres que haga?

FAUSTO: Que me atiendas mientras viva, que cumplas todo lo que Fausto te ordene / Ya sea bajar la luna de su esfera, o que el océano inunde el mundo.

El populista se presenta como fiel servidor de los deseos “del pueblo”. Se teje aquí un círculo vicioso: Se crea una necesidad, un estado de opinión, se anima a la gente a exigir que se oiga su voz, y para cuando lo haga se le ofrece una solución fácilmente entendible, evitando análisis para especialistas. Solo queda cerrar el círculo proponiéndose como la única vía para implantarla. Eso sí, dejándose una vía de escape para el futuro incumplimiento, llámese Unión Europea o los manidos “mercados”. Goethe se lo calló, pero su antecesor (MARLOWE, 1983: 55), sí la incluyó:

MEFISTO: Soy un sirviente del gran Lucifer, y no puedo complacerte sin su aprobación. Solo puedo hacer lo que él otorgue.

Finalmente (aunque esta historia no tiene final), se puede señalar un tercer factor, complementario a los 10 puntos de Chomsky: el descrédito de las instituciones que pudieran servir de plataforma para el análisis y control de la gestión pública. Ha sido una labor de zapa, progresiva, avanzando detrás de togas, solideos, coronas y birretes, empujándolos al desprestigio propio. La táctica es realmente mefistofélica: el razonamiento precisa de un lugar donde asentarse y poder evaluar pros y contras; pero el reposo requiere confianza en la plataforma que lo sostiene. Y ésta se ha enmohecido con el tiempo (con puestos vencidos) y resquebrajado por las disensiones y discrepancias (lo de los jueces sentenciando normas anti-covid contradictorias es de libro), por no hablar de hechos presuntos a más no poder.

Mefistófeles aparece, se disfraza, parlotea, alardea de poder, en un cara a cara con Fausto. Ninguno tiene una referencia externa que les permita profundizar en las consecuencias de futuro, por lo que en el duelo gana el más tramposamente hábil. Y una vez transmitido el mensaje, hasta la saciedad, por vena y cerebro, ya poco importa que alguna voz se alce pidiendo ecuanimidad. Este sería el caso de Margarita, la soñada joven de la que Fausto se ha enamorado. Él le dice (GOETHE, 1921: 83):

FAUSTO: En mi vida he visto nada semejante: parece tan honesta y virtuosa… Escucha, es menester darme la posesión de esa joven.

Vista la querencia, su populista de turno remacha:

MEFISTÓFELES: ¿Cuál? ¿Aquélla? Venía de su confesor, que la ha absuelto de todos sus pecados. […] Es muy inocente, va a confesarse por nada.

De poco vale que la propia interesada intente desengañarle:

MARGARITA: Yo no soy ni señorita ni hermosa. Y puedo muy bien ir a mi casa sin que nadie me acompañe.

¿Será una premonición del posicionamiento de algunos grupos de izquierda, que siguen ensimismados en sus razonamientos, certeros pero que no trascienden más allá de la mesa camilla?. ¿Quién lee los múltiples manifiestos llamando a la reflexión y a la participación?

Y ahí va un inmerecido epílogo (MARLOWE, 198: 125). El coro canta:

Cercenada está la rama que debió crecer derecha. Fausto ya no está. Considerad su demoníaca caída y que su destino infortunado exhorte a los juiciosos a ser cautos en estos ilícitos asuntos cuyo misterio impele a los talentos temerarios a practicar más de lo que el cielo nos consiente.

No nos piden el alma, no sabrían qué hacer con ella en el estado catatónico en que está en general. Pero sí la adhesión ciega: ejemplos hay de pueblos que aceptan ser contaminados por una empresa, a cambio de los puestos de trabajo que genera. Los ecologistas que intenten mejorar la situación serán rechazados por los propios perjudicados que han firmado un contrato aparentemente sólo de trabajo.

El círculo se cierra cuando, para perpetuar la sumisión, también nos solicitan el voto. Quizá este afortunado periodo sin comicios que estamos viviendo pueda propiciar la reflexión. No lo desaprovechemos, porque a pesar de la imagen efímera de los resultados, reversibles periódicamente, y a pesar de la creciente abstención, siguen siendo el instrumento más poderoso para revertir la tendencia populista que nos está abduciendo.

(Artículo publicado en InfoLibre – Plaza Pública, el 28.9.2021)

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